Casualmente, hacia finales del ’97, buscando un contacto para visitar una comunidad originaria con el propósito de ir a cazar con mi arco, me presentan en Buenos Aires a Francisco, un integrante de la nación Náhuatl, parte de la Uey Tenochticlan, miembro de la Confederación del Águila, con quien tuve oportunidad de entablar una interesante conversación. A lo largo de la charla alternamos temas cercanos a la relación con la tierra. Por mi parte, la preocupación por la conservación de las especies autóctonas y su manejo sustentable. Francisco en cambio, traía la meta de convocar por primera vez a todas las familias originarias de Sudamérica en un solo gran evento. Sin vinculaciones, ni patrocinantes, se proponía correr por todo el continente desde sus extremos hacia sus templos ancestrales, para hallar nuevamente a todos sus hermanos y congregarlos a correr con él, hasta poder reunirlos nuevamente a todos como a una misma gran familia.
A los pocos días consigo una entrevista en el INADI (Instituto Nacional contra la Discriminación) con quien entonces fuera su Interventor, mi amigo Víctor Ramos, hijo del célebre historiador revisionista Jorge Abelardo Ramos. Combino una cita con Francisco unos minutos antes de la reunión, enciendo el grabador; y este culto hombre de medicina, suelta estas palabras a diez minutos de comenzar andar su anhelo en Argentina.
Arturo: ¿Qué propósito te trajo a Bs. As. Francisco. ?
Francisco: La continuidad del sueño y la visión de nuestros antepasados. Que ha venido manifestándose por los últimos 500 años en el deseo de reconocer que todos somos una misma familia y un mismo ser… Ahora estamos en Argentina, por que en 1998 tendrá lugar en Sudamérica una carrera tradicional que lleva el nombre de Jornadas de Paz y Dignidad en la que uniremos corriendo todo el continente a fin de reunir a nuestros hermanos en pos de nuestra lucha.
Arturo: En qué consiste esta lucha.
Francisco: Esta lucha no pasa por un “poder”, sino que es una realidad que se ha venido manifestando a través de esta necesidad de volver nuestra mirada sobre la base de la vida, sobre esta tierra que para nosotros siempre ha sido nuestra madre. Los pueblos indígenas han mantenido esta lucha, no por que se sientan dueños o propietarios de la tierra, sino porque simple y sencillamente nos están entregando a todos, instrucciones sobre lo que vivieron y comprendieron que por miles de años ha sido el apropiado uso de ella. La obligación es cuidar de este nuestro paraíso, por que aquí es donde se nos da la vida y aquí es donde interactuamos con todas las demás formas de vida. Todos estos seres vivientes, sea cual fuera la forma que tengan, son también nuestros hermanos y junto con ellos somos parte de esta gran familia. El ser humano se ha alejado por ignorancia de la relación que tiene con todas estas formas de vida.
De eso se trata la lucha, de recuperar el entendimiento de esta relación con este ser querido que es la tierra, que nos está haciendo un llamado bien urgente de volver a mirar hacia ella, de volver a cuidarla. La mayoría de nuestros ríos están sucios, las montañas están peladas por la tala de árboles, como así también esto que llaman agricultura, han sido algunas de las situaciones por las que se ha ido perdiendo este entendimiento, y con él algunos miembros de esta familia que ya no regresarán jamás.
Arturo: Cómo puede ayudar hoy ese antiguo entendimiento, a resolver tantos y tan complejos problemas.
Francisco: La gente que ahora vive aquí y que proviene de distintas partes del mundo, se ha de preguntar -y estos indios qué quieren-. Y esto es así por que el hombre blanco a través del color empezó a hacer una diferenciación y así se comenzó a poner etiquetas y ahora sucede que todos nos encontramos en la misma situación y sólo resta que ellos quieran reconocerlo. Porque respiramos el mismo aire, bebemos la misma agua, nos cubre el mismo cielo y el calor de la vida es del mismo sol.
Así ha sucedido, por que estos seres, a través de esto que han dado en llamar modernización, por medio de este mal llamado descubrimiento y de esta supuesta conquista, en lugar de convivir con la naturaleza la han tratado de dominar y en este dominio se están perdiendo muchas cosas. Una de estas pérdidas es nada menos que el mismo entendimiento de lo que es la vida. Entonces la gente ya no sabe lo que es vivir y menos sabrán lo que es sobrevivir.
Cada miembro tiene su lugar en la vida, así como los peces, los árboles y los ríos, el ser humano también tiene su lugar en ella para venir a sustentar la vida, cuidando a quien nos da ese sustento: La Madre Tierra, y así algún día podremos sentirnos hijos de la tierra todos, independientemente del color de la piel que tengamos.
Lo que a partir de ese día ocurriría, es parte de la historia. “Jornadas de paz y dignidad” obtiene trascendencia mundial como el primer encuentro de pueblos originarios que logra reunir al menos un miembro de cada nación, tribu o familia originaria en sudamericana con sus hermanos del Norte. Corrieron de pueblo en pueblo desde Ushuaia, en la Tierra del Fuego y desde Ankorage, Alaska. Reviviendo la tradición del chasqui, portando los ancestrales bastones de mando. Un suceso de enorme magnitud, fértil generador de consecuencias directas, mediatas y remotas que vivirán en nuestro suelo por generaciones.
Este reportaje inédito de Francisco, si bien fue numerosas veces escuchado por amigos y seguidores de Jornadas de Paz y Dignidad, jamás fue editado por medio alguno. Francisco, obtuvo de la reunión el apoyo oficial para que al paso de su carrera, municipio por municipio recibiera el apoyo y el merecido tratamiento a su persona de un verdadero embajador de la raza originaria americana.
Tiempo más tarde, compartiendo una cacería en lo alto de la meseta de Alicurá, le pregunto a Francisco:
- Bueno, ahora que se reunieron. ¿Cuál es la próxima meta?
Y Francisco contestó:
- La restauración del Calpully. (En Quechua, Ayllu. En Aymará, Hatta.)
Años más tarde supe que durante una nueva edición de la carrera ritual, Francisco había encontrado la muerte en un accidente de ruta; y que a pesar de ello sus corredores lograron unir nuevamente Alaska con la Tierra del Fuego. Sus restos fueron sepultados en la ciudad de Ushuaia. Jornadas de Paz y Dignidad, planea iniciar las siguientes ediciones de la carrera desde allí, como a Francisco, le hubiera gustado hacerlo.
Arturo Avellaneda
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